martes, 17 de abril de 2012

un cachito de mi vida

Después de un tiempo fuera de mi país regreso para estar en la boda de mi hermana. La cantidad de cambios que hay en todas las cosas como las conocí, siento que estoy en un lugar extraño, aunque la casa de mis padres siempre la siento como un cachito de mi vida.


Realmente no viví mucho tiempo en esta construcción pero los objetos que la llenan son los objetos que han estado presentes casi toda mi vida (31 años) y que han sido testigos de muchas reuniones familiares, discusiones, tristezas, alegrías, logros y etapas finalizadas.


 Hoy, esta casa, está en VENTA y con ella se irán muchas cosas significativas e insignificantes. 



No solamente es la casa o los objetos, es el momento en el que está sucediendo. Es un tiempo de despedidas, es un tiempo para reflexionar. Es una oportunidad para dejar atrás tantas cosas que venimos arrastrando, que no nos dejan agarrar carrera a toda velocidad para abrir las alas y despegar.



Es nostalgia.
Es materialismo.
Es apego.
Es madurar.




 Es la última lección que aprenderemos en esta casa, un último baile, una última plática, un último café, un último adiós a este cachito de mi vida.


Moviendo Maracas para que esta despedida sea el inicio de un cachito nuevo de mi vida.



viernes, 2 de marzo de 2012

06 minutos. Una eternidad.

Así comienza mi día, con el pie izquierdo aunque siempre piso primero con el derecho.
Suena mi despertador, me levanto, siempre preparo mi comida y así doy tiempo para que mi compañero de piso se bañe, solamente porque él entra a trabajar antes que yo... en fin, que hoy el señor se levantó tarde y ahí comenzó el desastre.

06 minutos tarde llego a la estación de Atocha para tomar el tren, hasta ahí todo "bien", lo normal en un día cualquiera: vagones saturados, voy de pie hasta Nuevos Ministerios y de ahí a Chamartín casi siempre ya me puedo sentar. Al llegar a Chamartín tengo que cambiar de los trenes de cercanías a los trenes del Metro. Parecía un día de trayecto como a diario pero, al llegar a la línea 10 ... ZAZ! un montón de gente esperando. Con mi libro en la mano, resignada, sigo leyendo (mi consuelo es que el libro está buenísimo). Por fin nos encaminamos al siguiente transbordo, todos arrebujaditos, calientitos, apretados como sardinas en lata. El bendito libro se pone cada vez más bueno: resulta que vuelve el lobo huargo, un poco más delgado, pero cuando Jon lo ve se alegra tanto que...  -OK, estoy leyendo "Canción de Hielo y fuego" y no estaba hablando de la saga, aunque creo que cuando lo termine le dedicaré una entrada.-

Finalmente llegamos a Tres Olivos que es donde tenemos que cambiar de tren (aún no entiendo porqué). Bajo y me encuentro con una masa de gente apretujada cual puercos en el matadero, esperando por los 06 minutos que marca la pantalla.



Primera tanda y que no entro en el vagón, tuve que esperar unos 06 minutos más para poder tener un espacio más o menos decente. Y aún así, no pude volver a abrir mi libro. Solo saqué mi manita con el iPhone y entre el libro del señor alto, que me tenía prácticamente de atril, y el tubo pude hacer una foto del reflejo del "aperre Metrical".



Es muy relajante llegar a "La Granja"- si, si, así se llama la estación de mi trabajo, aunque usted no lo crea - poder estirar los brazos y subir las escaleras haciendo un poco de "metring" que sirve para desatarugar las piernas y caminar hasta la oficina.

Lo que sigue es un día lleno de bilis, de esa que ya no produzco por dejar la vesícula en México, pero bueno no todo es tan malo, gracias a estas experiencias es que puedo seguir Moviendo Maracas.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Podría

Simplemente podría dejar de darle vueltas a las entradas impersonales que siempre quedan en mi blog, esto para dar paso a un profundo entendimiento de mi misma por medio de las cosas que escribo. Quizá la clave este en hacer algo mas que un diario esporádico, algo que se acerque mas a la realidad de lo que pasa en mi hoy aunque sea parte de un análisis de mi entorno. En este caso sería importante dejar de ensimismarme en los ratos de ocio que tengo (que son muchos) para revisar lo que sucede a mi alrededor, sin perder detalle de como afecta esto a mi instante.

Pero nuevamente caigo en la misma entrada de siempre... Mucha palabra, poco contenido. Mucho adjetivo, poco verbo.
Mucho infinitivo, poco presente.

Todo esto puede ser una pista de la poca profundidad en mis escritos digitales. Ahora tengo un hipótesis que parece salida de psicoanálisis: será que...
¿tengo ganas de decir muchas cosas pero las reprimo por miedo a que alguien más las lea?
¿Estoy preparada para dejarme leer?
¿Tengo miedo de escribir sobre los demás?

Soy una persona que siempre se refiere a los "otros" por su nombre, por querer darles su lugar en mis historias. Por ejemplo: "mi hermana Valeria..." esto igual porque tengo 3 hermanas y para que la gente no se confunda. También aplico el nombre y después el cargo: "Mariana, mi amiga". Ahora que lo leo me río, creo que esto es porque en mi casa siempre que decíamos un nombre mi mamá nos preguntaba:
- Voy con Jorge
- ¿qué Jorge?
- mi amigo de la ibero

Lo que terminó reducido a:
-Voy con Jorge, mi amigo de la ibero.

Y así, esta forma de redacción pasó a formar parte de mi conversación diaria. Es parte de mi personalidad, creo que es fácil identificar mi forma de decir algunas cosas. Tanto así que voy a publicar sin releer para darme cuenta de como escribo.

Disparatadamente pero sin dejar de mover maracas.