El lunes desperté a carcajadas y es que tuve un sueño increíble; soñé que tenía un bebé. Pero lo gracioso fue que decidía educarlo alrevés, o sea que, en lugar de que llorara por todo (hambre, sueño, dolor, etc.), le enseñaba a reirse. Acto seguido, el bebe comenzaba a soltar carcajadas que me contagiaban y yo no podía parar de reir, al punto del dolor abdominal.
Fue tan divertido que desperté muy convencida de educar así a mis hijos. Aunque también me di cuenta que esa costumbre la debería de aplicar en mi vida.
"Reir por no llorar"
*me estoy riendo mientras escribo*
Así que, porqué no llevar a la práctica esta nueva forma de ver la vida, en positivo.
¡Vamos! A Mover Maracas al ritmo de carcajadas...
