jueves, 17 de marzo de 2011

Día de Suerte

Después de una racha de suerte ambigua, por no decir mala, hoy parece que todo retoma su buen camino.

He aprendido a bañarme en menos de 5 minutos, mi casero ya vino con el técnico y arreglaron el refri, el elevador ya llega al quinto piso, pude hacer una pequeña compra de víveres y este fin de semana tengo trabajo extra. Así que todo pinta bien.

Por la mañana aunque iba tarde al trabajo, en el tren me senté junto a una pareja de ancianos, Orfelio y Antonia (Orfelio no se me olvida, Antonia puede que sea Alberta o Alonsa). Dos personajes que cambiaron el humor de mi día. El señor se sienta y dice: "Que suerte tenemos" mientras le da un leve codazo a su mujer. Yo, que lo estaba mirando, le dije "si, casi pierden el tren", el señor sonríe y agrega "no sólo por eso, si no por tener la suerte de ver una mujer tan bonita como tu". Y claro, me puse roja como las botas que llevaba puestas.

Todo el camino Don Orfelio iba preguntando cuánto faltaba para que llegáramos y su mujer apenada le respondía que hasta que dijeran "Chamartín". Me contaron toda su historia y la de sus hijos, así que fue un trayecto completamente diferente y al final hasta nos despedimos de beso.

Es hermoso cuando la vida te da estos pequeños regalos, conocer gente maravillosa que te puede cambiar el día con una sola sonrisa. Quiero ser de esas personas, quiero poder cambiar hasta el día más gris de los que en su momento me rodeen.

Creo que pese a todo lo que me ha sucedido en estas semanas, soy una mujer con mucha suerte, estoy viva, sana y rodeada de gente que me quiere aunque sea a la distancia.

Gracias a todos ustedes, los que cambian mi día y me recuerdan lo divertido que es seguir hacia adelante.
mis botas rojas

viernes, 11 de febrero de 2011

capa caída

Hay días en los que el ánimo está por los suelos, entonces llega a mi mente la expresión: "capa caída" que, supongo, se remonta a los años en los que se utilizaba la capa para ir a la guerra. Quizá no. Me resulta fácil imaginar un montón de soldados de "capa caída", tumbados en los campos de batalla, llenos de sangre. Pero lo importante aquí es que las capas se cayeron.

Y si la expresión viene de una vez que a una señora se le cayó la ropa del tendedero? Ahí cambia la cosa. Una señora que llevaba todo el día lavando la ropa, entre el montón de tela se encontraba una capa, una fina capa que había heredado de su abuela. Al terminar de tender toda la ropa, los lazos se tensaron tanto que se rompieron y toda la ropa cayó al lodo. Entonces la señora triste comentó el echo como: "quedé con la capa caída". Con el tiempo esta expresión se fue deformando y terminó en: "estoy de capa caida", o no.

Igual y es más sencillo de lo que mi complicada mente quiere entender. Simplemente estar de capa caída se refiere a una especie de desalineo, perder la elegancia ante los sentimientos, una revolución de emociones que te dejan con la elegancia de un vagabundo.

Creo que es cuestión de tiempo y un buen baño, además de acicalarme un poco y encontrar una nueva capa que ajustar muy bien a mis hombros para que no caiga.

martes, 11 de enero de 2011

letras sin más

Sabemos cuando empezamos pero no cuando vamos a terminar, pero sabemos que hay un final, algo donde acaba el ciclo. Incluso si fuéramos inmortales, creo que terminaríamos por hartarnos de la gente a nuestro alrededor y definir estas etapas como: "Mis días en la Antártida", "Los años en la montaña", etc. Pero siempre cambiando, huyendo, descubriendo, aprendiendo. A veces, sin motivo aparente, todos necesitamos nuestros "40 días en el desierto", reencontrarnos, re-inventarnos, recuperarnos. Hay quienes creen que no cambian sus costumbres, pero de pronto varían sus temas de lectura o el color de sus calcetines o simplemente caminan por el otro lado de la calle. No creo que los humanos podamos vivir sin cambios, es más, creo que es parte de nuestra historia.

El cambio nos hace más humanos, más conscientes de lo que tenemos, tuvimos o podemos tener. O quizá no.




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